viernes, 18 de junio de 2010

A la acuarela


A LA ACUARELA
Rafael Alberti

A ti, límpida, inmaculada, expandida,
jubilosa, mojada, transparente.
Para el papel, su abrevadora fuente,
agua primavera, lluvia florida.
A ti, instantánea rosa sumergida,
líquido espejo de mirar corriente.
Para el pincel, su caballera ardiente,
fresca y mitigadora luz bebida.
A ti, ninfa de acequias y atanores,
alivio de la sed de los colores,
alma ligera, cuerpo de de premura.
Llorada de tus ojos, corres, creces,
feliz te agotas, cantas, amaneces.
A ti, río hacia el mar de la Pintura.

Un inesperado encuentro con la acuarela me ha hecho comprender muchas cosas. La acuarela es un arte, un arte por excelencia. Habla de sutilezas, transparencias, es delicada, veloz, fresca. Pictóricamente es como un haiku y por esto creo que esta técnica es la que mejor acompaña a un poema.
El agua que acompaña, que constituye, a la acuarela es vida para la pintura, que recorre sus propios e inesperados caminos ante la mirada del artista. Es el agua que calma la sed, que empapa lo recóndito del espíritu. Y es justo esto lo que he descubierto, al tiempo que leía a Conrad (¡grande!), y sus historias del mar: el arte, como el agua, ha de mojar, calar hasta los huesos, empapar el espíritu, suave pero profundamente.

3 comentarios:

  1. ¿"Pintóricamente"? Marce, hija, ¿eso existe? Disculpa que no me fije en nada más de toda la entrada, pero ahora mismo tengo el encefalograma plano y no me da para pensar más. Hasta el martes, el agua sólo me importa como agente erosivo o como fundamental para la supervivencia de los seres vivos, y no me da para la parte poética.

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  2. Jeje, perdón. Errata. Es pictóricamente.
    ¡TRIUNFARÁS!

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  3. A mí me encantó Marce. Te estás haciendo muy sutil. Felicidades.

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