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viernes, 2 de diciembre de 2011

Desvaríos sobre el espacio y el tiempo


Hoy cumplo tres años en Pamplona. No es mucho, quizá, pero es el 25% de mi vida consciente y el 100% de mi vida plenamente consciente. Es difícil explicar lo que esto significa, así que no lo intentaré. Es un punto intermedio, a veces contradictorio (no sólo para mí).

Y bueno, puestos a consideraciones temporales, me acabo de dar cuenta de una perogrullada, que también tiene su aquél: estamos en el comienzo del fin del 2011, lo que significa que desde este año llevo más tiempo viviendo en el siglo XXI que en el XX. No sé qué pensar, pero produce un poco de vértigo. Es, también, un punto intermedio, contradictorio.

Un extranjero en el espacio y el tiempo, anhelando una patria definitiva.

jueves, 5 de mayo de 2011

05+05+11=21 años


21 años. No voy a hacer consideraciones semi-apocalípticas, que es lo que me saldría, más aún después de haber visto esta semana "La Bella y la Bestia", con la sorpresa de que a la Bestia se le acaba el "tiempo de merecer" a los 21 años. La flor encantada perdía el último pétalo el día de su cumpleaños y no había marcha atrás para lo que no hubiera logrado hasta entonces. ¿Y yo...? Pero bueno, he dicho que no entraría en consideraciones.

Hace unos meses leí algo que me cautivó. Lo he leído varias veces desde entonces y últimamente vuelvo a él todos los días. Ya en aquel momento pensé en mi cumpleaños y en que sería una buena entrada para el blog. Hoy me parece aún más apropiado. Muy acorde con mis pensamientos de estos días. Son palabras sabias, del Eclesiastés, que empiezan con un "¡alégrate!, ¡disfruta!" y terminan diciendo que "todo es vanidad". Es todo lo que tienes que saber, ay, a los 21 años.
"Alégrate, joven, durante tu juventud, disfruta de corazón tus años jóvenes. Sigue el camino que te indique el corazón y lo que deleita a tus ojos. Pero no olvides que de todo ello Dios te pedirá cuentas. Aleja de tu corazón la tristeza y de tu cuerpo el sufrimiento, pero recuerda que los placeres de tu juventud son cosas que se acaban.
Acuérdate de tu Creador en tus años jóvenes, antes de que vengan los días amargos y se te echen encima los años en que dirás: 'No hallo gusto en nada'. Antes de que se nuble la luz del sol, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia.
Cuando tiemblen los guardias de la casa y se dobleguen los valientes. Cuando las que muelen sean pocas y dejen de trabajar, y las que miran por las ventanas se queden ciegas. Cuando las puertas de la calle se cierren y se apague el ruido del molino. Cuando enmudezca el canto de las aves y cesen todas las canciones. Cuando den miedo las alturas y los peligros del camino.
Cuando florezca el almendro y se arrastre la langosta y no dé gusto la alcaparra porque el hombre se va a su eterna morada y circulan por la calle los dolientes.
Antes de que se rompa el cordón de plata, antes de que se quiebre la lámpara de oro, antes de que se haga añicos el cántaro junto a la fuente, antes de que se caiga la polea dentro del pozo, antes de que el polvo vuelva a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios, que es quien lo ha dado. Todas las cosas, absolutamente todas, dice Cohélet, son vana ilusión."

Post-scriptum: Para no quedarnos sólo con la vanitas, ahora yo añado: "...excepto la sabiduría y un amigo fiel." Al menos es lo que dice un primo hermano del Eclesiastés, el Eclesiástico. Así que hoy que es un día festivo, brindaré por ambas cosas. Prost!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Reflexiones en mi vigésimo aniversario




Cuando Bertrand Russell cumplió ochenta años escribió sus "Reflexiones en mi octogésimo aniversario", que resultan conmovedoras viniendo de un anciano. Yo, a mis veinte años, ¿qué puedo decir? Cualquier cosa resultaría un poco pedante y, probablemente, moralizante. A esta edad, aunque a veces me cueste aceptarlo, aún se sabe poco de la vida. Sin embargo es un aniversario redondo, el primero del que tengo verdadera conciencia, y en cierta medida supone un cambio. "Veinte" es el número de la juventud, o al menos eso dicen las canciones. Cuando un hombre se hace mayor, habla de los veinte años con añoranza, como la época en que tenía el mundo en sus manos, el estado de radical apertura, el momento de las grandes decisiones, las grandes acciones, el tiempo de la esperanza y del ahora, de la plenitud, etc, etc. No quiero pensar demasiado en ello, porque hacerlo es como si envejeciera repentinamente y empezara a pensar en el hoy con cierta nostalgia, como si se me fuera de las manos y no lo supiera aprovechar al máximo. En realidad sólo quería dejar constancia de este cumpleaños (porque los blogs, entre otras cosas, son una especie de memorias perdidas en la infinitud del mundo cibernético), para que cuando tenga ochenta años pueda recordar los veinte, sin nostalgia. Para que no pueda decir que los veinte se me fueron sin notarlo, sin sacarle el máximo partido, inconsciente de la vida. Lo sé: hoy tengo veinte años y sólo dos reflexiones, una por cada década. La primera mira hacia atrás y coge impulso para mirar al futuro; la segunda empieza hoy para que siga mañana: (1) Nunca ha sido el momento perfecto para eso que siempre esperamos y nunca lo será, (2) lo mejor que se puede hacer a los veinte años es vivirlos.

Post scriptum: La mejor canción de cumpleaños la escribió Bob Dylan, Forever Young, y me he encontrado con que recientemente han hecho este vídeo animado. ¡Excelente! Así que mi tercera reflexión está allí contenida y en palabras de una gran persona que conozco vendría siendo algo así como: "seguir acumulando juventud".

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Mi primer aniversario (Parte II)


Las cosas que han marcado la diferencia:

La Navidad más larga (hasta el 6 de enero), los Reyes Magos, el concurso de villancicos, la Universidad, la FILOSOFÍA, Pamplona (Tierra de Diversidad) y su clima sorprendente, la nieve, el invierno, la primavera, ¡el verano!, el otoño, las excursiones, la convivencia estrecha, la gente, los 8 que después fueron 7 y después 6 (el Círculo de Pamplona), el nuevo vocabulario* (guay, mola...), el euskera, el descubrimiento del monte, la playa, los paisajes, la javierada (55 kilómetros a pie), los pintxos, la tortilla de patata, el pan y el aceite, el chocolate con churros, el jamón serrano, los turrones, Torreciudad, los viajes a Vitoria, los conciertos en la Universidad, el cerezo del campus, el pádel, los sanfermines (aunque no me gustan los toros, ni los tumultos, ni el alcohol), los pueblos de cada quién, los nombres marianos en un 80% (Camino, Almudena, Macarena, Begoña, Loreto...), la celebración del Santo, la carga histórica de todo lo que pisas (aquí cayó herido san Ignacio, aquí nació san Francisco Javier, aquí estuvo Hemingway, aquí luchó Carlomagno, etc.), lo románico y la romanidad, el redescubrimiento de la música (desde Bach hasta Amaral), una visita, "los mejores años de nuestra vida...", los sábados por la noche, las obras, las villavesas (¿se escribe así?), el casco viejo, los concursos de CLB, las sevillanas, el flamenco, la tuna, los premios peineta rebautizados por reineta (e Indiana, Indiana, por supuesto), el Pilar y el Rocío (aunque no he estado en ninguno), el Faustino, Vida Universitaria, el polideportivo, /espiderman/ U2=/udos/, los impatriótico de ser patriótico, el Cantábrico, que todo esté cerrado los domingos y al mediodía, el horario de la buena vida, la mística y la picaresca. *Respiración* Y todo lo demás.

*En dos semanas, más o menos, aprendí a captar las diferencias entre "flipar", "flipante" y "flipado". Tengo mérito. Está lleno de matices que no sabría explicar con detalle, pues su lógica es mucho más compleja que la que hay entre "competir", "competidor" y "competitivo".
La única manera de verlo es con ejemplos.
Empecemos con el verbo. "Me flipan las motos", "flipé de ver tanta gente", "el profesor flipaba de ver cómo todos hacían trampa". El primero tiene un sentido positivo, el segundo puede ser positivo o negativo, el tercero es negativo.
Sigamos. "Tuve una clase flipante". Este adjetivo tiene mucha fuerza positiva.
Ahora bien, si eres un "flipado" no significa que te encanten las cosas o que seas genial, sino que eres un presumido. Son matices interesantísimos, en los que me he entretenido "mogollón". (He ahí una nueva palabra... y pensar que en Colombia es un apellido...)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Mi primer aniversario (Parte I)


2 de diciembre de 2008: pisé por primera vez tierra española. "One small step for a man..."

Llegué a Madrid, a un aeropuerto enorme, con un equipaje nada ligero y todo un mundo por delante. Nunca, hasta entonces, había experimentado de tal manera la sensación de poder. Por primera vez en mi vida nadie me conocía, podía hacer de mí lo que quisiera, ser ¡por fin! lo que siempre había querido, sin ningún tipo de presión externa, sin que nadie esperase de mí un comportamiento determinado. Por ese entonces ya había salido casa, ya había vivido un año en una ciudad distinta a la mía, pero nunca llegué a pensar, ni lejanamente, que tenía mi vida por completo en mis manos. Aquel tipo de sensación tan posmoderna, por así decirlo, no era propia de mí, ni siquiera la había anhelado. En cualquier caso así fue y en el taxi desde Barajas hasta Atocha pude hacer un examen rápido de mi vida hasta entonces: lo que era, lo que quería hacer, lo que quería erradicar, lo mejor y lo peor de mí. Y entonces pensé: "Ahora sí, es el momento". No es que pretendiera ponerme una máscara y ser quien en realidad no era; mis sentimientos eran sinceros y realmente me propuse cambiar a partir de aquel instante. Creo que en algún momento, mientras miraba por la ventana, me sonreí, complacida del cambio que -pensaba- se estaba operando en mí. No puedo negar que también dudé y sentí un cierto temor de tener demasiado en mis manos, una gran responsabilidad, no de destruir y construir sin más, sino de reconstruir con la experiencia pasada. Sea como fuera, en medio de la indeterminación, me sentía poderosa. Es extraño, porque el poder siempre tiene ser ejercido sobre alguien. En este caso era sobre mí, sí, pero también sobre los demás, al pensar que por primera vez yo sabría todo acerca mí y los demás no sabría nada. Me daba igual que yo tampoco supiera nada sobre ellos, al fin y al cabo la idea era mía y esto me ponía por encima del resto.

¿Qué paso después? Lo esperado. Aquel fuego incendiario de un momento se apagó en breve. La naturaleza siguió su curso y me sorprendí (sí, me sorprendí) de verme diciendo las mismas tonterías, tropezándome con las mismas piedras y sangrando las mismas heridas. El yo se sobrepuso a la voluntad y heme aquí, un año después, tirando de los mismos trastos.
Ya sabía que eso era lo que tenía que pasar, tampoco quería engañarme a mí misma ni a los demás, pero ese instante, esa idea, lo viví con demasiada intensidad, con demasiada lucidez, que pensé que esa fuerza era suficiente para hacerlo efectivo.

Y al fin, sigo siendo la misma. Aunque en un año pasan muchas cosas, y España y la Filosofía han hecho sus cosas, sus revoluciones, sus estragos en mí (en el buen sentido, si es que lo hay). Pero en últimas, "ha merecido la pena llegar hasta aquí" y las huellas son imborrables. Sí, en un año pasan muchas cosas, demasiadas quizás... Y me alegro de ello.