lunes, 19 de octubre de 2009

Diario del movimiento del mundo


Este es el comienzo de una nueva sección en el blog. Se llamará "Diario del movimiento del mundo" y lo copio de Paloma, mi pequeña amiga de "La Elegancia del Erizo". Por ahora no hablaré de este libro, ni de Paloma, ni de Renée, ni del señor Ozu. Ya les llegará su momento. Por lo pronto me quedaré con la idea del diario, tal como lo expresó Paloma:

"Entonces se me ha ocurrido que había que compensar este aspecto gloria espiritual con otro diario que hable del cuerpo o de las cosas. No de las ideas profundas del espíritu, sino de las obras maestras de la materia. De algo encarnado, tangible; pero también bello o estético. Aparte del amor, la amistad y la belleza del Arte, no veo gran cosa que pueda alimentar la vida humana (...) Si no tuviera que morir, el Arte habría sido toda mi vida (...) No estoy hablando sólo de las grandes obras de los maestros (...) No, yo me refiero a la belleza en el mundo, a lo que puede elevarnos en el movimiento de la vida. El diario del movimiento del mundo lo dedicaré pues al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso, si de verdad no hay nada que decir, de las cosas (...) Gracia, belleza, armonía, intensidad. Si encuentro un movimiento bello en los cuerpos, a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir."

Dice Aristóteles que "el tiempo es la medida el movimiento". El Diario que hoy comienzo consiste en buscar lo atemporal del movimiento, lo inmaterial de la materia. Hasta ahora no me lo había planteado... El movimiento no era para mí nada más que imperfección. No sé qué conseguiré, no sé si lo conseguiré, pero me parece un reto interesante. Quizá Paloma tenga razón.

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