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domingo, 10 de febrero de 2013

El poema de un caballero

La última batalla ha sido especialmente intensa. Si es difícil valorar las pérdidas, más aún es valorar las ganancias. ¿Qué hemos ganado al ganar este combate? Mantener el campo de batalla lejos de Camelot, donde no podría soportar que se derramase una sola gota de sangre. Pero, ¿nuestros caballeros? ¿Cómo valorar el honor de nuestros combatientes?
Ayer, al volver de recuperar los cadáveres, Sir Lancelot me entregó un papel que pensó que me gustaría tener. Era un poema que encontró tirado en el campo de batalla. No sabemos —y así está bien— si lo escribió uno de los nuestros o del bando enemigo, y si ha salido vivo del combate. Aunque esas no las muestran con orgullo, también los caballeros tienen sus heridas en el alma. "Un cobarde", me dijo Lancelot. Un valiente, diría yo, si escribió esto y siguió luchando.

EL DUQUE DE CAMELOT.


Estoy a punto de entregar mis armas.
El camino es largo, la empresa dura,
pesada la carga de la soledad
que me legan los héroes caídos:
los combatientes intrépidos y firmes
hasta el fin. Mientras tanto, veo alzarse
la bandera del miedo y la tristeza,
vergüenza para un joven caballero,
fiel servidor de Dios y el rey. Mas es tarde.
Se apaga la lumbre. Ya duermen todos
la febril pesadez de los vencidos. 

viernes, 30 de marzo de 2012

¡Gracias!


Así como el hábito no hace al monje, un premio no hace un escritor, y menos a un poeta. Pero siempre, por lo menos en los comienzos, es un buen impulso. Por eso, y por muchas cosas más, mi agradecimiento con Actividades Culturales, es grande. Si escribir es don, vocación y tarea, creo que casi nada merece tanto la pena como descubrir ese don, seguir tan alta vocación y cultivar esta insondable tarea.

Precisamente ayer leí este poema de Sánchez Rosillo, que fue un verdadero regalo. No sé si tengo el poder, pero sí que sé algo de esa alegría y la gratitud del corazón, de las que allí se habla. Creo que a todos los que nos gusta leer, de un modo y otro, sabemos a qué se refiere. Y es una gozada poder disfrutar con tonterías como un poema.

Una palabra y otra
Eloy Sánchez Rosillo

Qué poder tan inmenso y qué sencillo
le resulta ejercerlo a aquel que lo posee.
Ni el más grande monarca pudo nunca
decidir de manera semejante.
Ilusión y deseo, papel, pluma,
y decir poco a poco lo que ahora está ocurriendo,
lo que tus ojos ven, lo que piensas o sueñas,
tu verdad de este día. Y nada más.
Así se hará el poema, si la buena fortuna
te acompaña y decide que de un hombre
brote una luz tan alta y verdadera,
tan pura y para siempre. Es increíble.
Una palabra y otra, y una música
pequeña y suficiente. Y va surgiendo
delante de tus ojos, de tu asombro,
una tarde con sol, un pájaro, la lluvia,
la luna, una muchacha, la hierba, el mar, la nieve.
En el camino hay mucha incertidumbre,
pasos titubeantes que no saben
si se aproximan al lugar del canto
o si de allí se alejan de forma irremediable;
la vida en vilo hasta que todo acaba.
Después ya sólo queda la alegría
y un corazón con mucha gratitud.

martes, 27 de marzo de 2012

Solitude (X)


(Via)


He disfrutado en grande leyendo "Oír la luz" de Eloy Sánchez Rosillo. Últimamente me sobreviene con cierta frecuencia esa sorpresa imponderable, tan propia de la niñez, cuando se descubre algo nuevo. Es una delicia, uno de los placeres del vivir, descubrir algo que realmente te gusta: un escritor, un grupo de música, una canción, un blog. Me ha pasado en este último mes de una manera inusitada. Quizá es que aún soy lo suficientemente ignorante para tener prácticamente todo por descubrir y lo suficientemente filo-filósofa para aceptar con agradecimiento los nuevos descubrimientos (y percatarme de dónde hay una fuente que no cesa de manar agua). Este último mes han sido Amalia Bautista, Chesterton, The Dawes, Megafaun, y un etc., por no dejarme nada fuera.
Con Sánchez Rosillo, que es a lo que voy, he leído unos poemas en los que late esa "solitude" de la que he intentado escribir un poco. Esa soledad necesaria, pero tan llena de contenido, que brilla por sí sola en la oscuridad del dolor solitario. La soledad que se precisa para "oír la luz" en un momento único, de silencio cósmico, que sólo acontece ante la contemplación de la magnitud abrumadora del espacio y el titilar cálido las estrellas.
Hay un poema en concreto que me parece definitivo, no porque me haya resultado completamente novedoso, sino precisamente porque ha sido la expresión perfecta de algo en lo que he pensado muchas veces. La diálectica entre los dos ideales de contemplación (soledad/autarquía) y amistad (compañía); la admiración, que comienza como un ejercicio solitario, pero que sólo llega a su culmen en compañía... Stanislaw Jerzy Lec, que recientemente me acompaña, lo dice de modo fantástico en un frase, que le da sentido tanto a la lectura solitaria (por la luz que se enciende en nosotros cuando leemos una idea "nuestra" que nos llega vestida de otra voz), como al salir fuera con los amigos (por la luz totalmente nueva, y que custodiamos enseguida, cuando una persona querida engendra en nostros una nueva voz): "nos gusta que nuestra voz interior nos llegue del exterior".
El poema de ESR es una muestra más de que los poemas más míos, como diría EGM, los han escrito siempre otros poetas. Aquí está todo: la necesaria soledad, estimulada por la compañía; la búsqueda a solas —a veces a tientas— y la mirada de la amada, que recoge los frutos inmediatos de el solitario viaje, que de lo contrario se agostarían.

EL VIAJE
Eloy Sánchez Rosillo

Saber que estás ahí, mientras trabajo
en el cuarto de al lado, mientras busco
a solas el poema, me estimula,
me da ilusión y fuerza y esperanza.

Yo me voy a mis sueños y me adentro
por inciertas regiones en las que nunca estuve.
No admite compañía esta aventura:
es preciso estar solo para hallar lo que importa.

Me pierdo en ocasiones, pero a veces encuentro
extrañas maravillas que nadie ha visto antes.
Por favor, no te vayas y espera mi regreso;
tu serás cuando vuelva, la primera en mirarlas.

viernes, 16 de marzo de 2012

Rimadora

Todo comenzó con una frase de Tomás de Aquino que en su contexto me impresionó hondamente. Tanto, que la recordaba como un endecasílabo: "Nadie puede vivir en la tristeza". Así que decidí escribir un poema. Cuando volví a buscar la frase, en el mismo sitio donde la había leído, vi que en realidad era menos poética: "Ningún hombre puede habitar en la tristeza". Lo de habitar sí que sonaba mejor. Pero sólo ahora me doy cuenta de que hubiese cabido perfectamente en mi endecasílado. En todo caso, infeliz de mí, intenté lo imposible: hacer rimar. Y más. En un soneto. En seguida lo dejé —me gusta lo suficiente la poesía para no cometer un crimen— y bajé un escalón: intentar con la rima asonante y tres cuartetos. Poco después, decidí volver a intentar lo del soneto. Así que aquí dejo los dos resultados. Sólo sé que no sé nada, es decir, que algo va mal, pero no sabría muy bien decir el qué. Supongo que es cosa de la rima —con la que nunca me he sentido muy cómoda— y la prisa abrupta por poner un punto final.

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"Nadie puede vivir en la tristeza”,
dijo el santo y sabio Tomás de Aquino,
como quien se lo dice a un amigo
con la misma confianza de quien reza.
Hoy me lo repito con la fuerza
de una canción sabida desde niño
que entona, machacona, un estribillo,
sobre mi vida llena de flaquezas.
Lo único que te pido en mi pobreza
es que te acuerdes de que soy tu hijo,
no me dejes, desnudo, sin tu auxilio,
solo entre las lágrimas de la tierra.


“Nadie puede vivir en la tristeza”,
dijo Tomás de Aquino, sabio y santo,
con la sinceridad propia de un canto
y la alegre confianza de quien reza.
Tú conoces, Dios mío, mi pobreza,
la soledad que a veces duele tanto,
la sed inagotable, incluso el llanto,
que me impulsa hacia ti y a la belleza
escondida en la cruz, ese estandarte.
Para sobrevivir aun sin aliento
necesito que pongas de tu parte,
concédeme la fuerza que no siento
para vivir de fe, sin preguntarte
si vivo para ti o sólo miento.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Festival Internacional de Poesía de Medellín


Para VT, "con quien tanto leía"

Teníamos quince años, una fascinación por la poesía y un verano por delante, es decir, casi todo. Fue entonces cuando oímos hablar acerca del “Festival Internacional de Poesía de Medellín”, acerca de Fernando Rendón y Juan Manuel Roca y, prácticamente, nos cambió la vida.
Es díficil describir lo que el Festival supuso para nosotras aquel año y los sucesivos. No sólo por la poesía, que era lo principal, sino por las personas con que nos topamos, y porque fue entonces cuando conocimos Medellín. En los más diversos rincones de nuestra ciudad había recitales poéticos con poetas venidos de todas partes del mundo. Como había varios recitales simultáneos, recorrimos Medellín de arriba abajo buscando los que más nos interesaban. Conocimos a esa inmensa minoría que sentaba en las calles, en el suelo, en los árboles, en el césped a escuchar a los poetas. Siempre había gente, mucha más de la que cabría imaginar, aunque siempre pareciera un grupo pequeño.
Medellín, la ciudad de la eterna primavera, era el escenario perfecto. Un sol siempre brillante, un calor que nunca sofoca, muchos árboles y flores, hacían que bajo un cielo azul la poesía volara con más libertad, al aire libre. El Jardín botánico, el Parque de los Deseos y el de los Pies Descalzos, el Lleras, la Plaza Botero, las Universidades, los Parques Biblioteca y, por supuesto, el punto de partida y de llegada: El cerro Nutibara, en el Teatro al Aire libre Carlos Vieco. Allí nos convocábamos unas de cuatro mil personas (¿exagero?) para la inauguración y la clausura del Festival, bajo el sol o bajo la lluvia, ¿qué más daba? Allí podíamos pasar cinco horas sentados sobre las gradas de asfalto. No era precisamente cómodo, pero, ¿quién busca la comodidad cuando busca la poesía?
Son muchos los poetas, muchos los poemas, muchos los recuerdos. Hacer una enumeración de los participantes no tendría mucho sentido, aunque serviría para hacerse una idea de la magnitud del evento. Era algo grandioso, o al menos así lo sentíamos; nos sentíamos parte de algo histórico, espectadoras de algo que cabría calificar de bello, amigas de los poetas. Porque al final siempre, siempre, íbamos a hablar con ellos. Dos frases, quizá, un “muchas gracias”, un autógrafo y alguna vez una conversación, aun en inglés si era necesario.
Todavía me sorprende lo presentes que siguen en mí las voces, los rostros, los poemas. De Sam Hamill, por ejemplo, tengo un recuerdo muy vivo, aunque no logré hablar con él. Era el fundador de "Poets against war" y todavía hoy, a veces, me encuentro repitiendo el último verso de uno de sus impresionantes poemas contra la guerra. "If you only listen with your eyes open". Con Quincy Troupe comprendí aquello de que el rap significa "Recited American Poetry". Sí, el rap no es música; puede llegar a ser mucho más. Una de las presencias más arrolladoras fue la de Gioconda Belli. No sé si por su poesía o por su pelo. Quizá por ambas, pues cuando pienso en ella lo primero que recuerdo es una abundante melena roja con vida propia y en que Nicaragua es su "hombre con nombre de mujer". Entre los poetas indígenas (recuerdo también a Allison Hedge Coke y Sherwin Bitsui), me impresionó especialmente el nuestro, Hugo Jamioy. ¿De lo más recóndito de un pueblo indígena —de esos que ya casi ni existen— ha podido salir alguien así? Im-pre-sio-nan-te. (Y había que ver a su hijo pequeño que le acompañaba. Era parte de su poesía). Otros breves encuentros, un cruce rápido de palabras, tuvieron lugar con Ernesto Cardenal (en un momento en que no leía, sino simplemente escuchaba, entre el público del Jardín Botánico) y Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura. Con ambos nos superó la vergüenza, pudo ser una historia bonita... pero no les exigimos más que un autógrafo.
¿Más? España, claro, querida España. Recuerdo a Antonio Porpetta (el más simpático, sin duda), Guadalupe Grande (de quien tomamos un verso, que se volvió casi un código de amistad: "Somos un signo de interrogación que ha perdido su pregunta") y, cómo no, a Juan Vicente Piqueras, de quien ya he dicho algo aquí.
A Andrea Cote, compatriota, la seguimos por Medellín, fuimos a todos sus recitales. Al final nos reconoció, hablamos un poco con ella, nos hicimos una foto, incluso nos dejó su mail y quizá fue entonces cuando algo del "deseo mimético" de escribir poesía se encendió. Colombiana, poeta, guapa, majísima, lista, profesora de los Andes... No es algo que se encuentre fácilmente por ahí.
Y a Sujata Bhatt y Anwar Al-Ghasani tengo que mencionarlos. A la primera por el poema "The Stare", del que no salí en mucho tiempo, y a Al-Gahasani por cómo hablaba de Irak y porque nos dedicó un autógrafo poético, después de una detenida y profunda mirada, como pocas he visto.
En fin, quizá me he alargado demasiado. Pero era una asignatura pendiente. Un capítulo muy vívido en mí, pero aún inédito de Aquellos maravillosos años, donde todo —supongo— comenzó.

viernes, 17 de febrero de 2012

La amistad silenciosa de los libros

Qué suerte que haya poemas —poetas—, pacientes, silenciosos, con quien poder hablar de estas cosas —las lágrimas, la fugacidad, la sed, la búsqueda, la cuesta arriba, el dolor— con calma, largo y tendido, sin deprimir a quien me escucha, sin que se canse de mí, sin que me llame egoísta, sin que me diga ya basta. Simplemente esperándome, abierto, sin nada que perder, dando de sí todo lo que pueda sacar de él.


"Canción al esfuerzo", de Jaime García-Máiquez.

A mi padre

¿Por qué todo cuesta tanto?,

¿por qué no salen las cosas

con suavidad, sin trabajo?,


¿por qué únicamente aquello

que nos merece la pena

lo conseguimos llorando?,


¿por qué lo fácil es pobre,

y lo que hacemos riendo

se escurre de nuestras manos?,


¿por qué el fruto necesita

madurarse tanto tiempo

hasta caerse del árbol?,


¿por qué lo rápido pasa

sin dejar pena ni gloria,

sin dejar huella ni rastro?,


¿por qué el resultado cuesta

lo que vale —el precio justo—

y no un poco más barato?,


¿por qué no basta ser bueno

y hace falta ser un mártir

para llegar a ser santo?,


¿por qué sólo aquellos versos

que hemos sufrido emocionan

al lector desocupado?...


Me gustaría saber

por qué todo a todo el mundo,

cuesta siempre tanto, tanto.

domingo, 12 de febrero de 2012

Solitude (VIII)

Después de mucho insistir, por fin he logrado hacerme con un ejemplar de "El corazón de Dios", el último poemario que escribió Carlos Pujol antes de su muerte. Aquí os transcribo uno de sus poemas, que me viene genial para seguir ahondando en la "solitude". Y es que a veces, la soledad es una cuestión de puro despiste o de ser olvidadizo, como este "Forgetful angel" de Paul Klee.

De "El corazón de Dios", de Carlos Pujol.

Eres la disponible eternidad,

y a mí que me distrae

el vuelo de una mosca.

Mientras haya juguetes,

soldaditos, peonzas, bicicletas,

el cine de la tarde de los sábados,

ni me acuerdo de ti.

Urgen todas las fábulas.

Tú, rey de la paciencia,

con tesoros de tiempo en los bolsillos,

esperas a que un día

me canse de estar solo.

viernes, 16 de diciembre de 2011

(Mal)Versión

(Una versión, que EGM no me perdonará, de un poema suyo: "La vocación")

La vocación

¿Por qué escribir con gozo si la ira
es fácil, la publicaría gratis,
y tendría lectores? La respuesta
es sólo esta pregunta, cada noche.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Solitude (III)

Que no nos faltes, soledad, pero que no nos falte vivirte en compañía. Que no nos faltes, soledad, primera interlocutora, pero tampoco nos falte con quién hablar de aquellas cosas que nos revelas a tus amigos. Estar contigo es un deleite, pero caminando con otro hacia tu morada.


SONETO VII
John Keats


¡Oh, Soledad! Si he de morar contigo,
que no sea entre este hacinamiento de oscuros edificios;
sube conmigo la escarpada senda,
y llegando a esa atalaya de la naturaleza,
veremos, en la distancia, como un pequeño espacio
donde el valle acrece su verdor y el cristal de su río;
que tenga tus vigilias bajo el fino ramaje,
allí donde el ciervo con su salto tan leve
asusta de la dulce campánula a la abeja.
Pero, aun gustando de compartir contigo esas escenas,
la plática con un ser puro cuyas palabras
espejan una mente exquisita, es mi mayor deleite,
porque, sin duda, la dicha de la tierra reside
en dos almas afines que vayan hacia ti.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Leonard Cohen



Gracias a los premios Príncipe de Asturias he redescubierto a Leonard Cohen, que es una maravilla. Después de escuchar su discurso en Oviedo (¡w-o-w!), no me pude resistir a ver un DVD, muy poético, titulado "I'm your man". No os lo podéis perder. Allí se ve todo su genio y su encanto. Y los comentarios de Bono, su admiración al maestro, son conmovedores. Por eso no es de extrañar que el gran final de la película sea esta puesta en escena de "Tower of Song", un dúo entre Cohen y U2, una conjunción casi perfecta.

He entresacado algunas frases sobre su música, su personalidad, su arte: un abrebocas para quienes aún no lo han visto. Es un artista realmente inspirador.

***
"I had the title 'poet' and maybe I was for a while. Also the title 'singer' was kindly accorded me, even though I could barely carry a tune". [Cómo surge una vocación artística: he ahí el misterio]

"A lots of songs are just a response to what struck me as beauty, whatever that curious emanation from a being or an object or a situation or a landscape. That had a very powerful effect on me, as it does on everyone, and I prayed to have somre response to the things that were so clearly beautiful to me and were a lot".

[Ouch. ¿Cabría aquí un "Solitude (III)?"] "My reputation as a ladies' man was a joke. It caused me to laugh bitterly through the ten thousand nights I spent alone."

[Bono] "He makes something beautiful out of this blackness. He finds shades in the blackness that feel like colour. And he has you at any stage in your life. He has your youthful idealism. He has you when your relationship is splitting up. He has you when you can’t face the world and you look for something higher to get you through. Inside of a pop song there were some big ideas, big dreams". [Nos bastan esas sombras. En un mundo de oscuridad las sombras, a veces, lo son todo. Porque en las sombras vemos la luz, que de algún modo es lo que siempre estamos buscando. ¡Cómo se agradece que alguien nos muestre -no nos diga- a ese poco de luz!].

[Bono, hablando de la mítica canción "Hallelujah", que pongo al final] "It's a song that is so surprising, because as well as bringing you to your knees, he makes you laugh out loud. And that's the shock, you see, lots of people, lots of writers have dared to walk up to the edge of, you know, reason, and stared into that great chasm, into the abyss. Very few people have got there and kinda laughed out loud at what they saw. So, there's definitely something. It's the divine comedy".

So, there it is:


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Cristo-Luna


Este poema, Cristo como luna (que por hacerse hombre lo vemos mejor que al sol), pensaba escribirlo yo. Pero Unamuno se me ha adelantado. Y lo ha hecho genial, así que, simplemente, lo reproduzco. Para esta noche y las siguientes.

Fragmento de "Al Cristo de Velázquez"
Miguel de Unamuno

Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

jueves, 3 de noviembre de 2011

Como una caracola


CARACOLA
Zbigniew Herbert

"Delante del espejo en el dormitorio de mis padres había una caracola rosa. Solía acercarme a ella de puntillas y con un repentino movimiento ponérmela en la oreja. Quería pillarla en ese momento, cuando no siente añoranza con su monótono susurro. Aunque era pequeño, sabía que, incluso cuando se ama mucho a alguien, a veces sobreviene el olvido."

Lo que el gran Zbigniew en este gran poema biográfico no dice es que nunca logró pillarla en ese momento. Que, aunque el olvido siempre está al acecho, hay amores, como el de la caracola, que perduran en el tiempo.

jueves, 27 de octubre de 2011

Ironías de la vida

Siempre me ha impactado el modo como, a veces, los libros pueden gritarte. Incluso a veces con ironía y desparpajo. Otras veces son más dulces y llegan en el momento justo, como el bálsamo de fierabrás, eficacísimo. Pero, esta vez, no sé cuál de las dos cosas han hecho las últimas líneas de "¿Qué es filosofía?", de Ortega y Gasset. No sé si ha sido puñalada o cura, grito desgarrado o íntimo susurro. El caso es que se me ha quedado grabado. Tanto, que incluso he logrado poner el haikai en el examen que teníamos, sin que pareciese traído por los pelos. Fue mi modo más neutral de responderle a eso que llaman vida, destino o Providencia (que, anda, quién diría que no, es una constante paradoja).
«Los sacerdotes japoneses maldicen de lo terreno, siguiendo este prurito de todos los sacerdotes, y para denigrar la inquietante futilidad de nuestro mundo lo llaman "mundo de rocío". En un poeta, Isa, aparece un sencillo haikai al cual me atengo, y dice así: "Un mundo de rocío no es más que un mundo de rocío. Y ¡sin embargo!..." Sin embargo... aceptemos este mundo de rocío como materia para hacer una vida más completa.»
Yo me quedo con ese "y ¡sin embargo!...", que es la ruptura de la piedra a la esperanza. Y, si pudiera, ojalá pudiera, apresar ese poco de rocío, para hacer que mi vida sea más completa.

viernes, 14 de octubre de 2011

Hablando de premios nobeles...

...A mí también me gustaría escribir una autobiografía. Brevísima. Que sólo leyeran mis amigos. Con la perspectiva de quien ya sabe quién es (y aún así la vida le sorprende). Una autobiografía como una radiografía, rápida, de mis experiencias. Que sea, como la que escribió el nobel, una "visión de la memoria". Y sí, ojalá con una prosa semejante, ágil, y con la mirada penetrante y actualizada de la niñez. Me sorprende y me fascina quienes lo han hecho. ¿Cómo ven el hilo que lo une todo? ¿O será que no lo ven y escribir es precisamente un intento por encontrarlo?
Escribir para dar cuenta de sí mismo, de quién se es, de que es (sin acento). No es ninguna tontería. Personalmente creo que sólo fui consciente de eso que llaman "yo" a los diez años, o un poco antes, quizá. Lo recuerdo bien. Recuerdo la pregunta angustiosa que me sorprendió por la espalda: "¿quién soy yo?" o, peor, "¿por qué yo soy yo?". No era nada demasiado existencial, ni mucho menos. Era un caer en la cuenta de algo que aún creo que no puedo explicar. A veces vuelve, pero intento mantenerlo al margen. No es algo que pueda responder. Crecer, para mí, ha significado aprender a vivir con el misterio.


El nombre
Tomas Tranströmer

Me adormezco durante el viaje en coche y me detengo bajo los árboles, junto al camino. Me acurruco en el asiento trasero y duermo. ¿Cuánto tiempo? Horas. La oscuridadalcanza a caer.

De pronto estoy despierto y no me reconozco. Estoy bien despierto, pero eso no me ayuda. ¿Dónde estoy? ¿QUIÉN soy? Soy algo quedespierta en un asiento trasero, algo que se revuelve, con pánico, como un gato en una bolsa. ¿Quién?

Por fin viene mi vida de regreso. Mi nombre llega como un ángel. Fuera de los muros suena un toque de trompeta y los pasos salvadores llegan rápida, rápidamente descendiendola demasiado larga escalera. ¡Soy yo! ¡Soy yo!

Pero imposible olvidar la lucha de los quince segundos en el infierno del olvido, a pocos metros de la carretera por la que fluye el tráfico con luces encendidas.

jueves, 13 de octubre de 2011

A la luz blanca de luna llena

Me fui a la cama
con tu luz en mis ojos.
¡Hasta el mes próximo!

miércoles, 12 de octubre de 2011

Espejo del alma

Llega la noche.

El silencio es más fuerte

Si hay luna llena.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Otra vez, luna llena

La luna llena es más llena cuando se mira con alguien. Cuando contemplación y amistad -dos ideales aristotélicos- se aúnan. ¡Mirar a alguien viendo la luna llena, qué grandioso ideal!

"Miras de pronto a lo lejos.
Clavas la mirada allí,
no sé en qué, y se te dispara
a buscarlo ya tu alma
afilada, de saeta.
Yo no miro adonde miras:
yo te estoy viendo mirar."

La voz a ti debida, Pedro Salinas.

viernes, 22 de abril de 2011

Haiku: Felix culpa!

Viernes a oscuras;
todo está consumado:
luz de esperanza.

viernes, 15 de abril de 2011

Intento

Los ojos son el espejo del alma.
Mira los míos de cerca
y verás
únicamente
tu rostro.

miércoles, 6 de abril de 2011

Carta a un hermano que nunca fue

Siempre lo he llamado Alejandro. Pero pudo haber sido chica, pudo haberse llamado Teresa... o Ana... o yo qué sé. Tampoco sé por qué Alejandro, pero así debió haber sido, seguro.
El poema no es muy bueno, ni siquiera bueno. Pero es lo que hay, y ya que está...


Me gustaría tenerte más cerca,
allí en el Cielo no me bastas,
sin un recuerdo más que el llanto,
sin una imagen, sin tu rostro, sin tu voz,
no puedo llamarte hermano.
Si estuvieses aquí nos uniría
un vínculo más fuerte que la muerte,
me llamarías en mi cumpleaños,
en una noche aburrida de insomnio,
hablaríamos de la vida y la memoria.
Me ha llevado veinte años darme cuenta de tu ausencia,
de que en realidad te echo de menos,
por ti he crecido entre adultos,
aprendiendo a vivir en soledad,
a guardarme para mí mis pensamientos.
Tu partida prematura se ha llevado a mis sobrinos,
mis juegos de infantiles, mis peleas,
nuestros paseos familiares una tarde.
Te has llevado una llamada cuando me hace falta
hablar con alguien que me conozca a fondo,
te has llevado lo único que nunca muere,
los lazos estrechísimos de una misma infancia.
Un día, cuando no lo necesite,
nos encontraremos por primera vez cara a cara.
Tú lo has tenido fácil, y lo sabes,
aquí luchamos y la cuesta es dura
para alcanzar un gozo que hace tiempo es tuyo.
Así que ya lo sabes, yo hago lo mío,
tú pon un poco de tu parte:
Dame un regalo el día de mi cumpleaños,
ábrenos un hueco en tu morada
y vela por mis padres mientras yo estoy lejos.
Muéstrales tu gratitud de hijo mayor,
hazles saber que Dios está contento.