Mostrando entradas con la etiqueta Juventud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juventud. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de mayo de 2012

Punto final

Esto es todo, amigos. Se acabó. Ya está. El último examen de la carrera. ¿Y ahora? Sólo sé que no sé nada. O mejor, sólo sé que no cenaba. La filosofía da para comer, nadie lo niega. Pero, lo hemos sabido siempre, no llega para cenar. Y aquí estoy. Otra vez al comienzo, aunque con ojos nuevos. Sin cena, con un futuro incierto... y la certeza —que vale el oro que no tengo— de que, con creces, ha merecido la pena. Todo lo demás vendrá por añadidura.

domingo, 11 de marzo de 2012

Gran experiencia

Kalon: La necesidad de lo inútil


First International Youth Philosophy Workshop


10 de marzo – Aula FEUN de Bibliotecas


--------


Una experiencia única, como dice Uuq, ha sido el primer congreso de Filosofía Joven. Para mí, ha sido un renacer filosófico. Retomar aire, volver a aquellas ideas, que a veces parecen un tanto ingenuas, acerca del diálogo, la apertura, el pensamiento libre, el trabajo intelectual, la filosofía "entre amigos".


La temática ha girado en torno a la belleza y la necesidad de lo inútil. En las tres primeras comunicaciones hemos reflexionado acerca de la maternidad como un contrapunto a la mentalidad moderna, donde parece que lo que prima es el principio del resultado; de la belleza como motivo de la libertad, y el amor humano y divino como lo único que dota de sentido la vida; y el arte después del fin del arte, en el que se ha refugiado la filosofía y nos plantea nuevas preguntas sobre nuestro ser y nuestra nada.


El coffeebreak, increíble. ¡Con pastas incluídas! (Creedme, para los filósofos —estudiantes (o no)— es un lujazo).


Y después... la presentación de Fluxpics, la fluxificación irremediable. Un blog que es más un blog. Es una revolución. Un nuevo concepto del arte... a la vez que es arte en sí mismo (y reflexión filosófica). Las explicaciones son innecesarias, van contra el Fluxus. Se capta o no se capta, se ve o no se. Es lo líquido, lo no-logocéntrico, que fluye en un instante, en el límite entre lo efímero y lo trascendente. En fin. Pasen y vean. Y diviértanse, que de-eso-va (aunque es una cosa muy seria).

En la última tanda de comunicaciones las reflexiones han sido igualmente interesantes. Primero, acerca de la belleza de la naturaleza y la biomímesis, y la necesidad de vincular las ciencias y las letras, ampliando la racionalidad de compartimentos estancos; después, sobre la política clásica y la moderna, en las que se puede establecer una analogía con el concepto de icono e ídolo, respectivamente; y para terminar, nos adentramos en la Poética de Aristóteles, en la mímesis de praxis, y la relación con el concepto de trabajo y acción en la filosofía de Hannah Arendt.

Entonces, concluimos el congreso, pero continuamos con la auténtica kalonización y la fluxificación, que se extendió a lo largo de la comida y el improvisado —cómo no— visionado de Philosophy painting y los aún inéditos Poema a Bo-lo-nia y el Mito de la Caverna.


En fin, ¿conclusiones? Que ha sido una gozada. Y hay repetirlo. Sin duda.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Festival Internacional de Poesía de Medellín


Para VT, "con quien tanto leía"

Teníamos quince años, una fascinación por la poesía y un verano por delante, es decir, casi todo. Fue entonces cuando oímos hablar acerca del “Festival Internacional de Poesía de Medellín”, acerca de Fernando Rendón y Juan Manuel Roca y, prácticamente, nos cambió la vida.
Es díficil describir lo que el Festival supuso para nosotras aquel año y los sucesivos. No sólo por la poesía, que era lo principal, sino por las personas con que nos topamos, y porque fue entonces cuando conocimos Medellín. En los más diversos rincones de nuestra ciudad había recitales poéticos con poetas venidos de todas partes del mundo. Como había varios recitales simultáneos, recorrimos Medellín de arriba abajo buscando los que más nos interesaban. Conocimos a esa inmensa minoría que sentaba en las calles, en el suelo, en los árboles, en el césped a escuchar a los poetas. Siempre había gente, mucha más de la que cabría imaginar, aunque siempre pareciera un grupo pequeño.
Medellín, la ciudad de la eterna primavera, era el escenario perfecto. Un sol siempre brillante, un calor que nunca sofoca, muchos árboles y flores, hacían que bajo un cielo azul la poesía volara con más libertad, al aire libre. El Jardín botánico, el Parque de los Deseos y el de los Pies Descalzos, el Lleras, la Plaza Botero, las Universidades, los Parques Biblioteca y, por supuesto, el punto de partida y de llegada: El cerro Nutibara, en el Teatro al Aire libre Carlos Vieco. Allí nos convocábamos unas de cuatro mil personas (¿exagero?) para la inauguración y la clausura del Festival, bajo el sol o bajo la lluvia, ¿qué más daba? Allí podíamos pasar cinco horas sentados sobre las gradas de asfalto. No era precisamente cómodo, pero, ¿quién busca la comodidad cuando busca la poesía?
Son muchos los poetas, muchos los poemas, muchos los recuerdos. Hacer una enumeración de los participantes no tendría mucho sentido, aunque serviría para hacerse una idea de la magnitud del evento. Era algo grandioso, o al menos así lo sentíamos; nos sentíamos parte de algo histórico, espectadoras de algo que cabría calificar de bello, amigas de los poetas. Porque al final siempre, siempre, íbamos a hablar con ellos. Dos frases, quizá, un “muchas gracias”, un autógrafo y alguna vez una conversación, aun en inglés si era necesario.
Todavía me sorprende lo presentes que siguen en mí las voces, los rostros, los poemas. De Sam Hamill, por ejemplo, tengo un recuerdo muy vivo, aunque no logré hablar con él. Era el fundador de "Poets against war" y todavía hoy, a veces, me encuentro repitiendo el último verso de uno de sus impresionantes poemas contra la guerra. "If you only listen with your eyes open". Con Quincy Troupe comprendí aquello de que el rap significa "Recited American Poetry". Sí, el rap no es música; puede llegar a ser mucho más. Una de las presencias más arrolladoras fue la de Gioconda Belli. No sé si por su poesía o por su pelo. Quizá por ambas, pues cuando pienso en ella lo primero que recuerdo es una abundante melena roja con vida propia y en que Nicaragua es su "hombre con nombre de mujer". Entre los poetas indígenas (recuerdo también a Allison Hedge Coke y Sherwin Bitsui), me impresionó especialmente el nuestro, Hugo Jamioy. ¿De lo más recóndito de un pueblo indígena —de esos que ya casi ni existen— ha podido salir alguien así? Im-pre-sio-nan-te. (Y había que ver a su hijo pequeño que le acompañaba. Era parte de su poesía). Otros breves encuentros, un cruce rápido de palabras, tuvieron lugar con Ernesto Cardenal (en un momento en que no leía, sino simplemente escuchaba, entre el público del Jardín Botánico) y Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura. Con ambos nos superó la vergüenza, pudo ser una historia bonita... pero no les exigimos más que un autógrafo.
¿Más? España, claro, querida España. Recuerdo a Antonio Porpetta (el más simpático, sin duda), Guadalupe Grande (de quien tomamos un verso, que se volvió casi un código de amistad: "Somos un signo de interrogación que ha perdido su pregunta") y, cómo no, a Juan Vicente Piqueras, de quien ya he dicho algo aquí.
A Andrea Cote, compatriota, la seguimos por Medellín, fuimos a todos sus recitales. Al final nos reconoció, hablamos un poco con ella, nos hicimos una foto, incluso nos dejó su mail y quizá fue entonces cuando algo del "deseo mimético" de escribir poesía se encendió. Colombiana, poeta, guapa, majísima, lista, profesora de los Andes... No es algo que se encuentre fácilmente por ahí.
Y a Sujata Bhatt y Anwar Al-Ghasani tengo que mencionarlos. A la primera por el poema "The Stare", del que no salí en mucho tiempo, y a Al-Gahasani por cómo hablaba de Irak y porque nos dedicó un autógrafo poético, después de una detenida y profunda mirada, como pocas he visto.
En fin, quizá me he alargado demasiado. Pero era una asignatura pendiente. Un capítulo muy vívido en mí, pero aún inédito de Aquellos maravillosos años, donde todo —supongo— comenzó.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Desvaríos sobre el espacio y el tiempo


Hoy cumplo tres años en Pamplona. No es mucho, quizá, pero es el 25% de mi vida consciente y el 100% de mi vida plenamente consciente. Es difícil explicar lo que esto significa, así que no lo intentaré. Es un punto intermedio, a veces contradictorio (no sólo para mí).

Y bueno, puestos a consideraciones temporales, me acabo de dar cuenta de una perogrullada, que también tiene su aquél: estamos en el comienzo del fin del 2011, lo que significa que desde este año llevo más tiempo viviendo en el siglo XXI que en el XX. No sé qué pensar, pero produce un poco de vértigo. Es, también, un punto intermedio, contradictorio.

Un extranjero en el espacio y el tiempo, anhelando una patria definitiva.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vender el aire


El ser humano no solamente decide, sino que en toda decisión se decide. Nos hacemos en nuestras decisiones. Decidirnos es una actividad predominante en esta vida. Optamos por cosas que, a veces, pueden cambiar la existencia. No es que haya que dramatizar, pues en todo caso la vida te sorprende y teje sus propios caminos. Y al final resulta que una gran decisión termina relativizándose en el tiempo, mientras que lo verdaderamente determinante resulta ser una decisión tangencial, casi un per accidens. La cuestión es que nunca sabemos con certeza qué resultará de nuestras elecciones y hay que saber tomarse la vida en serio y en broma; tener un plan para lo propia vida, pero también dejarse sorprender, asumir la realidad múltiple en matices y posibilidades.
Quien es más libre es más capaz de dejarse sorprender, de aceptar la vida tal como viene, con sus azares e infortunios. Se equivocan quienes piensan que es más libre quien es más espontáneo, quien se deja llevar por lo que vaya saliendo a cada instante, como se mueve la veleta según sopla el viento. Para ser libre es preciso el conocimiento —la verdad—, que es como la base firme sobre la cual se puede construir lo que se desee. Hace falta una formación intelectual y humana seria y dedicada, que dé alas fuertes —no como las de Ícaro— para poder volar a ras de suelo y en las más profundas alturas. Es lo que se llama “tener visión de futuro”, estar abiertos a que la vida te sorprenda.
Esta semana me contaban de una buena mujer colombiana, sin mucho dinero, que había decidido construir su casa con la posibilidad de construir un segundo piso después. Cuando tuvo la necesidad de ir a Roma a visitar a un hijo suyo, lo que hizo fue “vender el aire”, la posibilidad de que otros construyeran un piso allí. Me encantó la metáfora: ¡Vender el aire! No hay mejor negocio que aquel. Supongo que eso es lo que quiero hacer en la vida, vender el aire. Construir firme, no para resguardarme en una casa sólida, no para encerrarme en mis ideas, ni siquiera para que vengan otros a mí a buscar allí un refugio. Construir firme para, después, poder vender el aire y que sean otros los que construyan, para vender puras posibilidades, o continuar la construcción con una infinidad de mundos posibles. En fin, construir firme para que la vida pueda hacer de las suyas, para poder aceptar con los brazos abiertos sus sorpresas. Para ser libre, en definitiva.

viernes, 14 de octubre de 2011

Hablando de premios nobeles...

...A mí también me gustaría escribir una autobiografía. Brevísima. Que sólo leyeran mis amigos. Con la perspectiva de quien ya sabe quién es (y aún así la vida le sorprende). Una autobiografía como una radiografía, rápida, de mis experiencias. Que sea, como la que escribió el nobel, una "visión de la memoria". Y sí, ojalá con una prosa semejante, ágil, y con la mirada penetrante y actualizada de la niñez. Me sorprende y me fascina quienes lo han hecho. ¿Cómo ven el hilo que lo une todo? ¿O será que no lo ven y escribir es precisamente un intento por encontrarlo?
Escribir para dar cuenta de sí mismo, de quién se es, de que es (sin acento). No es ninguna tontería. Personalmente creo que sólo fui consciente de eso que llaman "yo" a los diez años, o un poco antes, quizá. Lo recuerdo bien. Recuerdo la pregunta angustiosa que me sorprendió por la espalda: "¿quién soy yo?" o, peor, "¿por qué yo soy yo?". No era nada demasiado existencial, ni mucho menos. Era un caer en la cuenta de algo que aún creo que no puedo explicar. A veces vuelve, pero intento mantenerlo al margen. No es algo que pueda responder. Crecer, para mí, ha significado aprender a vivir con el misterio.


El nombre
Tomas Tranströmer

Me adormezco durante el viaje en coche y me detengo bajo los árboles, junto al camino. Me acurruco en el asiento trasero y duermo. ¿Cuánto tiempo? Horas. La oscuridadalcanza a caer.

De pronto estoy despierto y no me reconozco. Estoy bien despierto, pero eso no me ayuda. ¿Dónde estoy? ¿QUIÉN soy? Soy algo quedespierta en un asiento trasero, algo que se revuelve, con pánico, como un gato en una bolsa. ¿Quién?

Por fin viene mi vida de regreso. Mi nombre llega como un ángel. Fuera de los muros suena un toque de trompeta y los pasos salvadores llegan rápida, rápidamente descendiendola demasiado larga escalera. ¡Soy yo! ¡Soy yo!

Pero imposible olvidar la lucha de los quince segundos en el infierno del olvido, a pocos metros de la carretera por la que fluye el tráfico con luces encendidas.

jueves, 5 de mayo de 2011

05+05+11=21 años


21 años. No voy a hacer consideraciones semi-apocalípticas, que es lo que me saldría, más aún después de haber visto esta semana "La Bella y la Bestia", con la sorpresa de que a la Bestia se le acaba el "tiempo de merecer" a los 21 años. La flor encantada perdía el último pétalo el día de su cumpleaños y no había marcha atrás para lo que no hubiera logrado hasta entonces. ¿Y yo...? Pero bueno, he dicho que no entraría en consideraciones.

Hace unos meses leí algo que me cautivó. Lo he leído varias veces desde entonces y últimamente vuelvo a él todos los días. Ya en aquel momento pensé en mi cumpleaños y en que sería una buena entrada para el blog. Hoy me parece aún más apropiado. Muy acorde con mis pensamientos de estos días. Son palabras sabias, del Eclesiastés, que empiezan con un "¡alégrate!, ¡disfruta!" y terminan diciendo que "todo es vanidad". Es todo lo que tienes que saber, ay, a los 21 años.
"Alégrate, joven, durante tu juventud, disfruta de corazón tus años jóvenes. Sigue el camino que te indique el corazón y lo que deleita a tus ojos. Pero no olvides que de todo ello Dios te pedirá cuentas. Aleja de tu corazón la tristeza y de tu cuerpo el sufrimiento, pero recuerda que los placeres de tu juventud son cosas que se acaban.
Acuérdate de tu Creador en tus años jóvenes, antes de que vengan los días amargos y se te echen encima los años en que dirás: 'No hallo gusto en nada'. Antes de que se nuble la luz del sol, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia.
Cuando tiemblen los guardias de la casa y se dobleguen los valientes. Cuando las que muelen sean pocas y dejen de trabajar, y las que miran por las ventanas se queden ciegas. Cuando las puertas de la calle se cierren y se apague el ruido del molino. Cuando enmudezca el canto de las aves y cesen todas las canciones. Cuando den miedo las alturas y los peligros del camino.
Cuando florezca el almendro y se arrastre la langosta y no dé gusto la alcaparra porque el hombre se va a su eterna morada y circulan por la calle los dolientes.
Antes de que se rompa el cordón de plata, antes de que se quiebre la lámpara de oro, antes de que se haga añicos el cántaro junto a la fuente, antes de que se caiga la polea dentro del pozo, antes de que el polvo vuelva a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios, que es quien lo ha dado. Todas las cosas, absolutamente todas, dice Cohélet, son vana ilusión."

Post-scriptum: Para no quedarnos sólo con la vanitas, ahora yo añado: "...excepto la sabiduría y un amigo fiel." Al menos es lo que dice un primo hermano del Eclesiastés, el Eclesiástico. Así que hoy que es un día festivo, brindaré por ambas cosas. Prost!

jueves, 23 de septiembre de 2010

Brainstorming

Frente a la expresión castellana "tormenta de ideas", prefiero la más breve e ilustrativa "brainstroming", donde la fuerza no viene tanto de las ideas como resultado, sino del pensamiento mismo. Me viene a la cabeza la imagen, un tanto mecanicista, del cerebro puesto en movimiento, generando chispas y energía, sin más producto que su actividad misma.
Este es mi "brainstorming", del que no salen ideas claras, ni hiladas, pero como todo comienza por una idea, espero que esto sea algo así como un comienzo que tiene raíces en unos cuantos años atrás.

Una revolución cuya única arma es el pensamiento. Promovida por jóvenes y para jóvenes -con espíritu joven-, bajo la luz de la tradición y la guía de cabezas canas. Entraña: universitaria. Un poco de "Beer and Bible", de la mano de Chesterton. "El pub de Chesterton", lo llamaría DTR. Una cadena mundial de amigos que quieran influir. Sin conciencia de grupo, pero unidos por un compromiso con el mundo, por el estudio y su propio "brainstorming". Pluralidad y rigor. Ante todo, amistad. Formarse para formar. Amor por el mundo, la cultura, las letras, las ciencias, el arte. Descubrir la belleza y enseñarla. Hablar claro, con convicción y argumentos. Criticar lo que está mal, fomentar lo bueno. Think tanks cuyo tank es la calle, el follón. Filósofos, juristas, biólogos, poetas, artistas, médicos, economistas, periodistas. Saber comunicar. Profundidad y sencillez. Con humildad. Apelar a los grandes, las cumbres, los líderes, pero ayudando a "los pequeños". Los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Influir. Crear cultura.
Una revolución verdadera, porque sólo así será una verdadera revolución, que no necesita de camisetas rojas ni martillos. Una revolución que dé esperanza. Sí, así, afirmativa.

We want you for our army.

Ya sabéis dónde encontrarme.

viernes, 2 de julio de 2010

Cuando sea grande quiero ser... niño


Nunca he sabido muy bien qué responder a la pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Ahora, en cambio, lo veo con claridad: Cuando sea grande quiero ser niño, ser cada vez más joven. ¡Y es que hay tanto que aprender de los niños!

Esta semana he conocido Asunta, una niña de nueve años que hablaba como si tuviese mi edad y con esa gravedad que a veces tienen los niños y que resulta aplastante. Es de Bilbao y cuando sea grande quiere ser inventora. Lo tiene clarísimo. Ya ha hecho sus primeros inventos, "casi todos con papel y cartón". Sin embargo, esta semana ha hecho su primer invento "de verdad": una tirolina en pequeño. Asunta va en serio, ya tiene sus propias normas y su código ético para cuando sea una inventora "de verdad".
–Tengo unas normas para mis inventos. La primera es que sólo puedo utilizarlos cuando esté sola, pues mientras los usen los demás debo trabajar y cuidar de que todo marche bien y los disfruten.
–Qué bien, ¿no?– Le digo yo, un poco torpe, aún impresionada de todo lo que me iba contando.
–Sí, también tengo otra que es un poco más complicada. Yo lo digo así: "Más vale uno con valor que cientos a estribor".
–A ver, explícame.
–Sí, a estribor, que no sirvan para nada, que sean sin más. Más vale uno con valor... como los besos.

Silencio. No supe qué decir. Creo que me empecé a sentir un poco idiota. En una niña de nueve años está la sabiduría que a muchos se nos oculta. Sobre todo ahora, que la gente está creciendo en un mondo hipersensible, en el que las manifestaciones de cariño cada vez son más banales y exageradas, Asunta tendría mucho que decir. Y todos nosotros, mucho que aprender.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Reflexiones en mi vigésimo aniversario




Cuando Bertrand Russell cumplió ochenta años escribió sus "Reflexiones en mi octogésimo aniversario", que resultan conmovedoras viniendo de un anciano. Yo, a mis veinte años, ¿qué puedo decir? Cualquier cosa resultaría un poco pedante y, probablemente, moralizante. A esta edad, aunque a veces me cueste aceptarlo, aún se sabe poco de la vida. Sin embargo es un aniversario redondo, el primero del que tengo verdadera conciencia, y en cierta medida supone un cambio. "Veinte" es el número de la juventud, o al menos eso dicen las canciones. Cuando un hombre se hace mayor, habla de los veinte años con añoranza, como la época en que tenía el mundo en sus manos, el estado de radical apertura, el momento de las grandes decisiones, las grandes acciones, el tiempo de la esperanza y del ahora, de la plenitud, etc, etc. No quiero pensar demasiado en ello, porque hacerlo es como si envejeciera repentinamente y empezara a pensar en el hoy con cierta nostalgia, como si se me fuera de las manos y no lo supiera aprovechar al máximo. En realidad sólo quería dejar constancia de este cumpleaños (porque los blogs, entre otras cosas, son una especie de memorias perdidas en la infinitud del mundo cibernético), para que cuando tenga ochenta años pueda recordar los veinte, sin nostalgia. Para que no pueda decir que los veinte se me fueron sin notarlo, sin sacarle el máximo partido, inconsciente de la vida. Lo sé: hoy tengo veinte años y sólo dos reflexiones, una por cada década. La primera mira hacia atrás y coge impulso para mirar al futuro; la segunda empieza hoy para que siga mañana: (1) Nunca ha sido el momento perfecto para eso que siempre esperamos y nunca lo será, (2) lo mejor que se puede hacer a los veinte años es vivirlos.

Post scriptum: La mejor canción de cumpleaños la escribió Bob Dylan, Forever Young, y me he encontrado con que recientemente han hecho este vídeo animado. ¡Excelente! Así que mi tercera reflexión está allí contenida y en palabras de una gran persona que conozco vendría siendo algo así como: "seguir acumulando juventud".