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domingo, 30 de octubre de 2011

Una foto más mía


De Ramón Vásquez no conozco muchas obras, pero me bastan unas pocas para afirmar que es uno de mis pintores contemporáneos favoritos. No es porque sea de mi tierra, Antioquia, aunque los paisas sabemos que nada nos une tanto como ser antioqueños (lo cual —léase con cariño— nada tiene que ver con la boina bilbaína), sino por su arte, sus "líneas líricas", sus temas. Tengo que la suerte de disfrutar de este Quijote en casa de mi tío Gonzalo ("all rights reserved"), al que le acompañan otras dos obras suyas: una barca de Caronte y una última cena (con Cristo y los Apóstoles como niños).
Calvin & Hobbes, que tanto me han acompañado y que mucho significan para mí, le ceden paso al Quijote en la foto de perfil. Creo que me identifico mejor en ese quedarse suspensos, esa mirada lejana con un libro en las manos, el placer, la soledad... Con la venia de Cervantes, si me lo permite.

lunes, 17 de octubre de 2011

Ars poetica


Decía Aristóteles una cosa muy profunda: "sin amigos nadie querría vivir". Y como vivir es lo más radical, y el obrar sigue al ser, no tuvo necesidad de decir también "sin amigos nadie querría escribir". Pero el comentario de Gabriel Gale me ha hecho pensar mucho al respecto: siempre se escribe para los amigos. ¿Cómo no lo había pensado antes de un modo tan claro? Es el amor a los amigos el que nos lleva a pensar en el lector, a amarlo también aunque no lo conozcamos.
¿Qué es este blog si no un intento de prolongar un diálogo (o crearlo, cuando es casi inexistente o no tan largo como desearía) con los amigos?
Sí, qué claro lo veo ahora: siempre se escribe para los amigos. Si faltáis vosotros, falta la pluma. Aunque por un amigo dejaría mis armas, que no son más que las letras.
Esto me recuerda un haiku que escribí este año, tratando de reflejar esto último, pues en todo caso, volvamos a Aristóteles, siempre se vive para los amigos. Me parecía un poco forzado, pero ahora lo leo con nuevos ojos y veo en él un nuevo brillo:

Fuertes mis manos
si al abrirse a un amigo
dejan su pluma.

sábado, 9 de julio de 2011

A los visitantes amigos de este blog


Nunca había abandonado el blog durante tanto tiempo. En un principio tenía mis motivos. Estaba recogiendo fuerzas, volviendo a las raíces, tomando aliento. Llenándome de temas para hablar y escribir. Este ha sido un gran año en estos asuntos y aunque el blog no haya sido el más elocuente reflejo, los que me conocéis habréis visto algo. Después de años he vuelto a escribir un par de poemas y he tenido muchos temas rondándome la cabeza. Muchos lo habéis notado. Por eso hoy os escribo a vosotros, que aunque seáis pocos, con casi todos me une una amistad más o menos estrecha que realmente reverencio.

Creo que era Marcel Proust el que decía que todo paraíso es un paraíso perdido. Y estos últimos días he mirado hacia Camelot como un verdadero paraíso. Hay demasiadas cosas aquí. Ha sido mi castillo de juegos, mi "excusa", mi "desaguadero", mi oportunidad de hablar con vosotros. Pero ahora las palabras se me escapan como el agua. Y esta vez me pregunto, ¿será otro paraíso perdido más? En el fondo no lo creo. Pero por ahora -no sé por qué- siento que el blog se me va de las manos, por mucho verano y tiempo que quede por delante para escribir y leer. En algún momento volveré, por eso no quiero despedirme, ni cerrar el blog, ni desesperar de la escritura. A veces el silencio es más elocuente, aunque no sea ese silencio que tanto he deseado (¿os acordáis?). Más que una despedida es una especie de súplica a vosotros, que os tomáis la molestia de daros una vuelta por aquí de vez en cuando, para que no os vayáis muy lejos. Volved por aquí alguna vez. Quizá el Duque haya vuelto a su sitio. Quizá vuelva aún más viejo, más sabio, más maduro... o simplemente más necesitado de la compañía de su pueblo.

sábado, 23 de octubre de 2010

¡Absurdo de mí!

Sentados. "Tête à tête".

—¿Alguna vez has querido hablar de algo con alguien y no encuentras con quién?
—Uh huh...
—¿Qué es el blog si no es esto? Una pretensión de diálogo (semioculto, enmascarado) con nosotros mismos, una construcción de ese otro, que es un otro-yo -un superyó-, una farsa con la que pactamos porque sin ella no podríamos vivir, porque escribir es una necesidad y no podemos no comunicarnos.
—Uh huh...
—Una búsqueda de sí mismo, un anhelo de comprensión, porque para ver hay tomar distancia y esa distancia es alteridad, diálogo, escritura...
—Uh huh...
—No es sólo una cuestión de poner en limpio un caos de pensamientos, que sí, sí, también -más aún si el sentimiento de caos es habitual- pero quizá responde más a una tradición ancestral (que se remonta a conversaciones peripatéticas) arraigada en esa necesidad tan humana de hablar de lo más profundo que se lleva dentro.
—Uh huh...
—San Agustín, un hombre sediento, también lo hacia en los Soliloquios. Y escribía porque hablar con Dios es mucho, pero necesitamos materializar todo eso en otro tipo de diálogo que sólo se da en unas pocas -¡poquísimas!- ocasiones y creo que de algún modo siempre las estamos buscando... Cuando ese momento se da, querrías que nunca se acabara.
—Uh huh...
—Pero a todos nos cuesta encontrar ese quién, ese momento, esa ocasión... Con los temas para algo distinto, porque con ellos vivimos y luchamos constantemente, se identifican con nosotros, nos hacen y deshacen. ¿Qué es el blog si no esto? Un escape. Sin valor alguno ni interés, algo casi ilegítimo. Los soliloquios deben permanecer en lo más personal, las confesiones en las iglesias o en la intimidad de una conversación.
—Uh huh...
—Y entonces, ¿por qué la blogosfera, donde aterriza cualquiera sin piedad? Bueh... Al final, todo es un constructo poco sincero, un espejo al que me asomo de cerca buscándome de algún modo y en el que sólo queda mi aliento, no mi imagen. Sólo un aliento, el vaho sobre el que después escribo.
—Uh huh...
—Psee... Como una tabla de naúfrago. En sí misma no sirve para nada y nadie, más que el náufrago, se aferraría a ella.
—*sigh* Y aunque sea una basura hay que aferrarse a algo, ¿o qué?
—Uh huh...

lunes, 21 de junio de 2010

La tentación Bartleby



Esta es quizá una de las entradas más importantes del blog. Llevo mucho tiempo pensando en ella; pensándola en general, no escribiéndola. De hecho, tengo el título desde antes de abrir el blog y al abrirlo pensé que esta sería la primera entrada. Sin embargo no fue así, y ha tenido que pasar casi un año antes de que viera la luz. Esta es la justificación del blog, una confesión personalísima y una especie de arte poética. En cierta medida es una necesidad, algo que tenía que hacer tarde o temprano. La explicación de por qué muchas veces me he hecho llamar Bartleby
.

Hay una especie de tentación que me acecha constantemente, siempre que quiero escribir algo o cuando nace en mí alguna ambición literaria. La he llamado "la tentación Bartleby", siguiendo un libro de Vila-Matas, "Bartleby y compañía", que toma el personaje de Melville, "Bartleby, el escribiente"[1], y hace un "estudio" de los bartlebys de nuestra época: esos escritores que, de repente, sin explicación lógica alguna, decidieron dejar de escribir, simplemente porque preferían no hacerlo más. Esa tentación es la de no escribir más: cerrar el blog; no pretender una mentira: creer que puedo aportar algo, que a alguien le interesa lo que tengo que decir, cuando muchas veces ni siquiera sé qué es eso; dejar de jugar al poeta.

Hay quien escribe para informar, o para transmitir unas ideas políticas, religiosas, etc., para conservar su memoria, para hablar con quienes están lejos o como un exquisito hobby. Yo no escribo por nada de esto, aunque muchas veces estas cosas estén involucradas. Me mueve una especie de afán poético, que aún no termina de cristalizar, que por ahora no es más que una quimera. Escribo para aclararme, para pensar un poco más y en cierto sentido llevarme al extremo. Lo hago más por necesidad que por gusto, porque hay cosas que me queman por dentro y que claman por salir. No lo hago por simple gusto, porque cuesta, porque las cosas no salen ya hechas y mis expresiones suelen parecerme desafortunadas, porque al escribir me expongo demasiado -ante mí misma y ante los demás- y dejo que sangren las heridas. Por eso no es de extrañar que con cierta frecuencia algo me diga que deje de escribir o que lo haga simplemente como un instrumento de comunicación, como una técnica necesaria en la vida. Al fin y al cabo, dice ese algo, al que llamaremos Bartleby (aunque Bartleby en realidad soy yo), "prefirirías no hacerlo", "se te facilitaría la vida y podrías ocuparte de otras cosas, pensar menos en ti misma y dedicarte más a los demás". Es una tentación insidiosa, nada ingenua. No es sin más algo que invita a tirarlo todo por la borda, sino que me llama a vivir con los pies en la realidad: dejar a un lado vanidades, sueños inútiles que anhelan poseer un talento que siempre está en los demás y nunca en uno mismo, y empeñarme por vivir al máximo el presente, con lo que tengo, lo que hay. Dejar de perder el tiempo, dándole vuelta a ideas abstractas que no sirven para nada, hasta darles por fin algún tipo de articulación. Es, quizá, un camino fácil: cortarlo todo de raíz, pero no por eso resulta una tontería. A veces, pienso que en realidad puede ser el camino decisivo. No hablo en términos generales, ni formulo una ley universal. La tentación es mía y así es como me interpela, como merodea en mi imaginación.

Siempre he pensado que un artista no puede callarse, que su deber es hablar, pintar, cantar, lo que sea. Es cuestión de justicia y agradecimiento: no se pueden enterrar los talentos. Sin embargo, cuando el talento no es evidente, ni como algo ya dado, ni como fruto del trabajo, callar no deja de ser una opción. No se puede dejar de soñar, pero tampoco se puede vivir en sueños. La realidad supera siempre la ficción.

Y sin embargo, aquí sigo, a pesar de mí misma: escribiendo, así sea con poca frecuencia, en el blog. No quiero adoptar un postura victimista, tampoco puedo decir que esto me cueste la vida, pero sí supone siempre una lucha. Llamémoslo, sin más, una escaramuza.

Escribo porque creo que las palabras encierran una belleza que merece ser descubierta, aunque muchas veces yo no la vea; porque, haciéndolo, combato contra mi vanidad, que se manifiesta en el aislamento, la seguridad de no exponerme y guardarme las cosas para mí, aunque muchas veces parezca que lo hago por todo lo contrario; porque a pesar de mi vulgar normalidad, que tiene muy poco de genio, creo que escribiendo así, tal como soy, sin premios ni publicaciones, podré llegar a alguien, invitar al pensamiento, a la contemplación, al amor por las cosas inútiles. En definitiva, escribo por una acto de fe. Porque creo en lo que no veo y porque en medio de esta ceguera espero encontrar en las letras la lucidez -que no el lucimiento- que estoy buscando.


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[1] "Bartleby, el escribiente" es un excelente libro de Herman Melville. Un relato o novela corta que se adentra en las profundidades del alma humana y los absurdos contempóraneos. Es un libro que no puede dejar a nadie indiferente. Cuenta la historia de un hombre tímido y solitario que es contratado como escribiente en una oficina de Wall Street. Es un buen trabajador, pero un día, cuando su jefe le pide que haga algo, Bartleby, sin altanería y con sencillez, le responde: "Preferiría no hacerlo". La misma escena se prolonga durante los días siguientes, en los cuales Bartleby contesta siempre a cualquier petición, por fácil o insignificante que sea, "preferiría no hacerlo" y con toda naturalidad continúa con sus cosas. El final no lo contaré. Hay que leerlo para atisbar desde lejos lo que guarda en su alma este escribiente.

lunes, 12 de abril de 2010

Una novedad



Un nuevo gadget (me gusta esta palabra) se ha sumado al blog. Una frase que a partir de ahora, al menos por un tiempo, lo preside: "El buscar en todo la utilidad es lo que menos se adapta a personas magnánimas y libres". Ha sido el afortunado encuentro de un pensamientos "mío" que no encontraba articulación con un viejo pensador que siempre da en el blanco. Que sea, pues, una especie de lema del blog, un recordatorio en nuestras vidas y, con suerte, un remedio "sencillo" para nuestra afanada sociedad actual.