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sábado, 6 de noviembre de 2010

Diario del movimiento del mundo VI


El diario. ¿Dos días seguidos? Es que el mundo se mueve demasiado deprisa.

Frente a la muerte, el movimiento del mundo parece detenerse. Cualquier movimiento se hace relativo, todo lo demás da igual. Por dentro todo se ralentiza, pero en realidad el mundo exterior sigue con sus afanes y movimientos. Dan ganas de gritar: "¡Paraos! ¿No os dais cuenta? Ha pasado algo importante, ¡hay menos luz en este mundo!". Pero la gente sigue con sus afanes. El ejecutivo vuelve tarde de su trabajo, un niño llora porque no le han comprado un juguete, los mendigos cuentan y recuentan su limosna, los autobuses pitan en las calles. Y, por dentro, uno se pregunta: "¿Es que no lo notan? ¿Acaso no sienten que hace un poco más de frío?".
Hasta que pasa el tiempo y vuelve el movimiento. Los atascos y el ruido vuelven a formar parte de nosotros. Nos fundimos otra vez en el movimiento del mundo. Y sólo alguna vez, cuando nos cruzamos con el luto por la calle y reconocemos en él nuestra mirada, cuando sentimos en sus ojos aquel mismo reproche, volvemos a esa pregunta eterna: "¿Y si fuese a mí a quien se le acabara el tiempo, el movimiento?". Por suerte (?) todo vuelve a pasar y ese instante sólo dura un momento. Al final, nuestra vida pasa así, en intervalos de movimientos... y pausas. Movimientos... y pausas. Movimientos... y pausas. Y en cada pausa nace un anhelo: "Aunque me muera mañana, que la muerte no me sea repentina".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Diario del movimiento del mundo V


La evidencia empírica puede ser aplastante: la tierra permanece estática mientras que el sol y los demás astros giran a su alrededor. El diario del movimiento del mundo está dividido en dos: el movimiento frente a la inmovilidad. Y según se mire cambian por completo las perspectivas.

El geocentrismo no es, como muchos piensan, un egocentrismo (aunque compartan las mismas letras), no es fruto de la vanidad verse como el centro del universo, alrededor del cual todo gira. Todo lo contrario. La tierra sería, en este caso, la última de las esferas celestes, la más oscura, la más pequeña. Una nimiedad. El mejor lugar para albergar todo lo imperfecto.

El heliocentrismo lo cambia todo. La tierra pasa a formar parte de un mismo movimiento armónico, perfectamente medible y hasta "cronometrable": 365 días dura nuestro viaje alrededor del sol. El universo como una maquinaria de relojería es poco, pero es mucho. El movimiento, de suyo imperfecto, hace que el universo funcione a la perfección, que inmensas moles de masa y energía no colapsen caóticamente, sino que marchen al unísono.

La tierra no es el centro, ni el extremo, ni el último cuerpo, ni el primero. Está en el sitio justo, aunque perdida en una inmensidad de la cual no conocemos límites. Un grano de arena en un desierto vastísimo. Una nimiedad, también, pero que encierra en sí la mayor grandeza. Mientras nosotros, pobres hombres, vivimos en este granito de arena, el mundo se mueve y a distancias inimaginables que no podemos concebir y que jamás llegaremos a contemplar, sigue habiendo movimiento. Galaxias enteras en formación. Más todo lo imaginable. Y aún así, el desierto entero no vale tanto como un grano de arena.

¿Es vanidad, egocentrismo, pensar que sólo en este punto ínfimo del universo existe un movimiento que no es puramente externo y mensurable? Si esto de hecho es así, más que despertar vanidad, en realidad lo que despierta es estupor, sorpresa, temor y temblor. Humildad. Somos una mota de polvo, no somos nada, pero aquel que lo es todo nos ha hecho una casa infinita especialmente para nosotros, para deleite, admiración, profesión o hobby. Como el hijo único de una familia multimillonaria al que le comprasen un océano entero para que pueda darse un baño en la orilla. Un derroche -¡y qué derroche!- para ser tan poca cosa. Es el todo al servicio de una parte. La creación inmensa puesta a nuestros pies. Nosotros, que no somos nada, inmerecidamente nos hemos hechos merecedores de todo.

martes, 13 de julio de 2010

Diario del movimiento del mundo IV


Movimientos hay muchos. Y en este mundo nos gustan los rápidos, la velocidad, lo que vemos. Lo reconozco: son mucho más divertidos. Pero este verano he descubierto la espeleología y los secretos que se esconden bajo la roca caliza: uno de ellos es el movimiento. Miles de años pueden llevar para la formación de una cueva, años de un constante movimiento lento y persistente. Insidioso. Millones de pequeñas gotas de agua que penetran la roca y se hacen espacio hasta dejar abiertas las galerías por donde se puede pasar. Y después, el movimiento inverso: la destrucción. Una destrucción que no es como la imaginamos, sino que es también lenta e inapreciable. Dicen que todo el proceso lleva ¡un millón de años!
Lo importante del movimiento no es la velocidad, sino el movimiento mismo. Que nunca se detenga, que siempre esté en acción. Ese es el secreto que se esconde en los arcanos mundos subterráneos y en los igualmente desconocidos mundo supralunares: miles de movimientos que nunca cesan, que nunca dicen basta. Al final, la perseverancia siempre es agradecida y surgen las cuevas (que acabo de descubrir que pueden ser preciosas), los eclipses, los bosques. Y, vale, también lo reconozco, quizá alguno que otro terremoto.

domingo, 18 de abril de 2010

Diario del movimiento del mundo III


Hay movimientos paradigmáticos. El vaivén de un columpio lo es de la niñez; el paso fugaz de una estrella, de los sueños; el ondear de una bandera, del orgullo o la nostalgia. Sin embargo, hay uno que, por su peculiaridad, los supera a todos: el alto vuelo de un pájaro como símbolo de la libertad. Y es que es paradójico que la libertad -algo que sentimos tan nuestro- se represente con algo que no podemos hacer, pero que todos soñamos, como si ésta no fuese más que eso: una ilusión.
Sin embargo, hay algo en este movimiento que lo hace merecedor de ocupar una página en el "Diario del movimiento del mundo", porque quien se haya detenido a contemplar los surcos en el cielo de un pájaro que alcanza el alto vuelo, sabe que eso es libertad, no porque nos sea ajeno sino porque podemos ponernos en su lugar y recorrer con él un viaje por los aires. Eso es lo que pasa cuando sabemos mirar, porque la contemplación es todo menos pasiva. Es una actividad, actividad altísima y perfecta que logra situarnos dentro de lo contemplado, vivirlo.
En el vuelo de un pájaro hay ligereza, paz, dilación. Es un movimiento que alcanza su cumbre máxima en el detenimiento, cuando ya no hace falta el batir de las alas sino que se abre espacio para el planeo. El movimiento se ralentiza y es entonces cuando nos sentimos más leves y nos apropiamos del placer del vuelo.
En definitiva esa es la magia que encierra los movimientos más bellos, el tándem de presteza y lentitud, pausa y movimiento, movimiento y pausa: el batir (=mover con ímpetu y fuerza) y el planeo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Diario del movimiento del mundo II


El otoño es movimiento. Un movimiento sutil y silencioso, que está lleno de belleza. Los colores cambian y pareciese que de los árboles empieza a llover luz. Es un movimiento delicado, gota a gota, en el que cada hoja cae llevada por brisa del viento, que es también movimiento sutil.
Me gusta contemplar este cambio, que está lleno de fragilidad (¿tendrá esto algo que ver con la belleza?), en el que los árboles alcanzan su máximo esplendor -ahora todos son ardientes- mientras sabemos que eso significa que en breve todo aquello desparecerá, para dar paso a la cruda desnudez. Es esa fugacidad, la belleza que se escapa al volver a mirarla y los deseos atroces de inmortalizarla. De ahí estas líneas, de ahí que por esta época más personas lleven encima sus cámaras. Es el deseo de hacer estático el movimiento... y el temor a que este movimiento se detenga en la quietud de los árboles en el invierno.

viernes, 23 de octubre de 2009

Diario del movimiento del mundo I



17 de octubre, 2009. Madrid. Un millón y medio de personas. Un desplazamiento masivo que confluye, desde los cuatro puntos cardinales, en la mitad de un país. Desde dentro: ebullición de humanidad, gritos, saltos y juventud, mucha juventud. Desde fuera (ver foto): una marea ingente. Lo mejor de todo: un movimiento que, a pesar de su fuerza, no rompe como las olas, no hace daño sino que construye.

Y digo un movimiento, porque a pesar de ser muchos en realidad es uno solo. Todo el mundo unido con una misma esperanza, con un mismo gritar: ¡cada vida importa! Por cosas así vale la pena todo el esfuerzo. Por eso, entre un aparente caos, hay miles de razones para vivir (un millón y medio, como mínimo), miles de movimientos que lo que hacen es asentir a un mundo mejor, que dicen:

lunes, 19 de octubre de 2009

Diario del movimiento del mundo


Este es el comienzo de una nueva sección en el blog. Se llamará "Diario del movimiento del mundo" y lo copio de Paloma, mi pequeña amiga de "La Elegancia del Erizo". Por ahora no hablaré de este libro, ni de Paloma, ni de Renée, ni del señor Ozu. Ya les llegará su momento. Por lo pronto me quedaré con la idea del diario, tal como lo expresó Paloma:

"Entonces se me ha ocurrido que había que compensar este aspecto gloria espiritual con otro diario que hable del cuerpo o de las cosas. No de las ideas profundas del espíritu, sino de las obras maestras de la materia. De algo encarnado, tangible; pero también bello o estético. Aparte del amor, la amistad y la belleza del Arte, no veo gran cosa que pueda alimentar la vida humana (...) Si no tuviera que morir, el Arte habría sido toda mi vida (...) No estoy hablando sólo de las grandes obras de los maestros (...) No, yo me refiero a la belleza en el mundo, a lo que puede elevarnos en el movimiento de la vida. El diario del movimiento del mundo lo dedicaré pues al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso, si de verdad no hay nada que decir, de las cosas (...) Gracia, belleza, armonía, intensidad. Si encuentro un movimiento bello en los cuerpos, a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir."

Dice Aristóteles que "el tiempo es la medida el movimiento". El Diario que hoy comienzo consiste en buscar lo atemporal del movimiento, lo inmaterial de la materia. Hasta ahora no me lo había planteado... El movimiento no era para mí nada más que imperfección. No sé qué conseguiré, no sé si lo conseguiré, pero me parece un reto interesante. Quizá Paloma tenga razón.