
sábado, 6 de noviembre de 2010
Diario del movimiento del mundo VI

jueves, 4 de noviembre de 2010
Diario del movimiento del mundo V

La evidencia empírica puede ser aplastante: la tierra permanece estática mientras que el sol y los demás astros giran a su alrededor. El diario del movimiento del mundo está dividido en dos: el movimiento frente a la inmovilidad. Y según se mire cambian por completo las perspectivas.
martes, 13 de julio de 2010
Diario del movimiento del mundo IV
Movimientos hay muchos. Y en este mundo nos gustan los rápidos, la velocidad, lo que vemos. Lo reconozco: son mucho más divertidos. Pero este verano he descubierto la espeleología y los secretos que se esconden bajo la roca caliza: uno de ellos es el movimiento. Miles de años pueden llevar para la formación de una cueva, años de un constante movimiento lento y persistente. Insidioso. Millones de pequeñas gotas de agua que penetran la roca y se hacen espacio hasta dejar abiertas las galerías por donde se puede pasar. Y después, el movimiento inverso: la destrucción. Una destrucción que no es como la imaginamos, sino que es también lenta e inapreciable. Dicen que todo el proceso lleva ¡un millón de años!
Lo importante del movimiento no es la velocidad, sino el movimiento mismo. Que nunca se detenga, que siempre esté en acción. Ese es el secreto que se esconde en los arcanos mundos subterráneos y en los igualmente desconocidos mundo supralunares: miles de movimientos que nunca cesan, que nunca dicen basta. Al final, la perseverancia siempre es agradecida y surgen las cuevas (que acabo de descubrir que pueden ser preciosas), los eclipses, los bosques. Y, vale, también lo reconozco, quizá alguno que otro terremoto.
domingo, 18 de abril de 2010
Diario del movimiento del mundo III

Hay movimientos paradigmáticos. El vaivén de un columpio lo es de la niñez; el paso fugaz de una estrella, de los sueños; el ondear de una bandera, del orgullo o la nostalgia. Sin embargo, hay uno que, por su peculiaridad, los supera a todos: el alto vuelo de un pájaro como símbolo de la libertad. Y es que es paradójico que la libertad -algo que sentimos tan nuestro- se represente con algo que no podemos hacer, pero que todos soñamos, como si ésta no fuese más que eso: una ilusión.
Sin embargo, hay algo en este movimiento que lo hace merecedor de ocupar una página en el "Diario del movimiento del mundo", porque quien se haya detenido a contemplar los surcos en el cielo de un pájaro que alcanza el alto vuelo, sabe que eso es libertad, no porque nos sea ajeno sino porque podemos ponernos en su lugar y recorrer con él un viaje por los aires. Eso es lo que pasa cuando sabemos mirar, porque la contemplación es todo menos pasiva. Es una actividad, actividad altísima y perfecta que logra situarnos dentro de lo contemplado, vivirlo.
En el vuelo de un pájaro hay ligereza, paz, dilación. Es un movimiento que alcanza su cumbre máxima en el detenimiento, cuando ya no hace falta el batir de las alas sino que se abre espacio para el planeo. El movimiento se ralentiza y es entonces cuando nos sentimos más leves y nos apropiamos del placer del vuelo.
En definitiva esa es la magia que encierra los movimientos más bellos, el tándem de presteza y lentitud, pausa y movimiento, movimiento y pausa: el batir (=mover con ímpetu y fuerza) y el planeo.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Diario del movimiento del mundo II

Me gusta contemplar este cambio, que está lleno de fragilidad (¿tendrá esto algo que ver con la belleza?), en el que los árboles alcanzan su máximo esplendor -ahora todos son ardientes- mientras sabemos que eso significa que en breve todo aquello desparecerá, para dar paso a la cruda desnudez. Es esa fugacidad, la belleza que se escapa al volver a mirarla y los deseos atroces de inmortalizarla. De ahí estas líneas, de ahí que por esta época más personas lleven encima sus cámaras. Es el deseo de hacer estático el movimiento... y el temor a que este movimiento se detenga en la quietud de los árboles en el invierno.
viernes, 23 de octubre de 2009
Diario del movimiento del mundo I


lunes, 19 de octubre de 2009
Diario del movimiento del mundo

"Entonces se me ha ocurrido que había que compensar este aspecto gloria espiritual con otro diario que hable del cuerpo o de las cosas. No de las ideas profundas del espíritu, sino de las obras maestras de la materia. De algo encarnado, tangible; pero también bello o estético. Aparte del amor, la amistad y la belleza del Arte, no veo gran cosa que pueda alimentar la vida humana (...) Si no tuviera que morir, el Arte habría sido toda mi vida (...) No estoy hablando sólo de las grandes obras de los maestros (...) No, yo me refiero a la belleza en el mundo, a lo que puede elevarnos en el movimiento de la vida. El diario del movimiento del mundo lo dedicaré pues al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso, si de verdad no hay nada que decir, de las cosas (...) Gracia, belleza, armonía, intensidad. Si encuentro un movimiento bello en los cuerpos, a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir."

