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martes, 3 de mayo de 2011

Más de dragones


A Amba, Gepé y Troff

"¿Cómo habríamos de olvidar los antiguos mitos que están al comienzo de todos los pueblos, los mitos de los dragones que, en el momento supremo, se transforman en príncipes o en princesas? Quizá todos los dragones de nuestras vida son príncipes o princesas que esperan sólo eso, vernos una vez hermosos y valientes." Jutta Burggraf.

miércoles, 23 de marzo de 2011

"Encontrarás dragones" (II)

— La guerra es una especie de brutalidad condensada. No cabe dulcificarla. Pero, para un agnóstico como yo, el concepto cristiano de redención resulta fascinante. Es un mensaje de perdón, de reconciliación, ante el que me quito el sombrero (...) No son filosofías, sino obras palpables y contabilizables. De modo que un santo es lo más humano que hay. Y todo ser humano está llamado a esos niveles de excelencia, aunque a veces su ego o su odio no se lo permitan ver. En cierto modo, un agnóstico, cuando deja de serlo, lleva a cabo el acto más grande de reconciliación.
Ahora sí. Antes tan sólo hacía una reflexión personal sobre el título de película, que me parecía sumamente sugestivo, mientras que ahora puedo hablar directamente de la película, con conocimiento de causa.
Quizá no sea el peliculón del año, pero es una gran película. No soy crítica de cine ni profesional de la Comunicación, así que mis apreciaciones de las películas suelen apuntar más a cuestiones de contenido, temáticas de fondo, los modos de decir, etc. Por esto, por si estáis interesados, después de haber leído varias críticas, aquí os dejo esta, que es con la más comparto mis opiniones.

En cuanto a lo que me compete, la temática de la película puede dar para rato, así que sólo haré una enumeración a grandes rasgos. Cuando la veáis, vosotros diréis.
En ella encontraréis una historia sobre el perdón en la que, al hilo de los recuerdos personales de uno de los protagonistas, se desvelan dos vidas antagónicas, dos modos de luchar contra los dragones propios y ajenos que inevitablemente se nos presentan siempre, especialmente en un contexto de guerra -la guerra civil española- donde los odios y excesos por parte y parte aún hoy despiertan heridas.
La vida de un santo -san Josemaría Escrivá- y de un hombre que ha perdido por completo el sentido de su vida, se tocan tangencialmente para mostrar cómo el perdón y el amor son las únicas posibilidades de redención para uno y otro. Y es que el perdón es un temazo. Es la única posibilidad real de cambiar el pasado, de influir positivamente en él.
Otro gran tema es la amistad o, en contraposición, la soledad. El gran drama de Manolo -que es quien cuenta la historia- es, en definitiva, este. Toda su vida ha estado solo, excepto quizá en su infancia, cuando tuvo un verdadero amigo, Josemaría, de quien termina por distanciarse. Al principio me llamó mucho la atención que fuera Manolo quien contara toda la historia de san Josemaría, cuando sus vidas en realidad no habían estado tan entrelazadas como cabría esperarse. De hecho al principio pensé que la relación de Josemaría y Manolo durante la guerra civil iba a ser decisiva, cuando en realidad sus vidas se han separado totalmente desde unos años antes. Lo único que los une es una carta que cada año le escribe el sacerdote en prueba de su amistad. El caso es que Manolo está sólo en la lucha con sus dragones. Nunca se entendió bien con su padre, no tiene ideales muy fuertes por los que luchar -ni en un bando ni en otro-, su amor se ve frustrado y termina siempre por herir a quienes le rodean. Su soledad se convierte en una espiral sin salida que lo aboca a cerrarse en sus sufrimientos, a dejarse llevar por sus pasiones.
La vida de Josemaría y los chicos que le acompañan está teñida de alegría aún en medio de la guerra. Y es que sentirse acompañado, apoyado, unidos por algo más fuerte que ellos mismos, es lo único que los salva de entrar en la misma espiral de Manolo, a la que también se ven atraídos.
Y bueno, por supuesto, detrás de todo está la pregunta por el sentido, la redención humana, las propias luchas, los propios miedos. Todo es lo que hace que "Encontrarás Dragones" sea una película profundamente humana, que toca las fibras del alma. Una película que especialmente por esto y la maravillosa dirección artística, hay que ver.

Ya me diréis qué tal.

jueves, 17 de marzo de 2011

"Encontrarás dragones" (I)


Cuando las personas miran en su interior encuentran allí, en lo más profundo, dragones. Y como si se tratase de una caja de Pandora (que en realidad era una tinaja) en la que nos asomamos y atisbamos los principios de todos los males, decidimos alejar rápidamente nuestra mirada, ignorar la presencia de esos monstruos que pugnan por salir. Por eso, ahora, el hombre moderno no soporta el silencio -tan elocuente- y lo acalla con el ruido de un iPod; no quiere encontrarse nunca solo para evitar las preguntas a las que invita la soledad y se llena de compañía a través de la pantalla de una BlackBerry. Pero la realidad es que los dragones existen en todos y en todos con rugen con fuerza. Sí, en todos. Hasta en los santos.
San Agustín hablaba de la interioridad como la mejor vía de conocimiento. Al mirar dentro de sí el hombre encuentra a Dios y, en Dios, todas las verdades. Pero hay que recordar que durante muchos años san Agustín sólo encontraba dragones en su alma, vacío, podredumbre. Todo, menos respuestas. Pero la experiencia humana es que la vida es lucha -"militia est vita hominis super terram"-, lucha contra uno mismo, contra los dragones propios y, a veces, los ajenos. Lucha porque hay sufrimiento, heridas, desengaños y, sobre todo, porque hay amor y perdón, que es lo que le da sentido a todo. Con los dragones se vive y, con ellos mismos, se vence. Es lo que diría san Agustín y, con él, todo aquel que ha conocido el dolor, la angustia, el odio, la muerte y, mirando al basilisco a los ojos, ha sabido sobreponerse a ellos. Sólo entonces, al mirar dentro de sí, no tendrá miedo de lo que hallará dentro y, en su defecto, encontrará la paz, posible y largamente anhelada.
Pero antes hace falta encontrar dragones.

Este 25 de marzo se estrenará "Encontrarás dragones", una película dirigida por Roland Joffé que llega al fondo de esta cuestión: los dragones con que todos, santos o no, nos topamos. Por eso es una película para todos, porque habla a la humanidad -tan pobre y engrandecida- que a ningún hombre es ajeno. Una película para ver, disfrutar con el buen cine... y digerir. Para todo aquel que sabe que la vida misma es una guerra.